lunes, 9 de diciembre de 2013

Intento de alivio en diciembre





Es una ciudad muy caliente,
con techos altos  y pocas paredes.
Eso siempre deja el escape eterno abierto;
hay muchas vigas para poder colgarse.


No hay piedad posible en las calles, 
gruñen voces y me clavan sus garras en la garganta.
¿Por qué el verde se mancha con el veneno del necio?
¿Por qué el frívolo ha vencido tan fácilmente?


De vez en cuando alguna deidad tiene su fecha

y se rodea de seguidores en alguna procesión o culto.
El cielo que se abre es demasiado celeste o bello
 como para desperdiciarlo buscando salvación y alimentando fe.



Texto y fotografía: Andrés Canseco G.

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