jueves, 5 de julio de 2012

El tren


Permanece en su letargo de olvido en décadas de óxido, lo rodean viejos compañeros que fueron sumándose a la galería de esqueletos de metal. Similares todos, pero él... él se destaca entre los demás, su singularidad no se pierde. A este tren lo olvidan; pero él no.
Él guarda aún imágenes y sonidos; vagones que son memoria, a través de los rieles viaja arbitrariamente por el tiempo, a veces sin siquiera desearlo.
Recuerda a todos y cada uno de los que sobre él emprendieron viaje: a su conductor sacrificado, a los amantes que un día soñaron y materializaron algo diferente, al asesino que huyó impune de su castigo, a la madre somnolienta y al hombre nostálgico del cigarro. En su interior también viajaron hombres que  soñaron con amaneceres mejores, jóvenes que tuvieron que cargar con  pesos para los que no estaban calibrados. Recuerda también al pensador que perseguido fue en una dictadura y escondido entre la sombra y los rieles buscó el exilio.
El tren se acuerda del tirano gobernante del siglo pasado, y ve en el tiempo actual cosas tan similares...
Azotado por el viento que en ese sitio castiga despiadadamente, por momentos el tren duerme. Al despertarse ignora si han pasado días o años, o si el tiempo finalmente se ha detenido. Una lluvia nueva ha caído en su recinto de postergación.
Fui a visitarlo y me senté a su lado; por eso sé de primera mano de sus sucesos. En un par de minutos me relató muchas cosas más que prefiero guardar exclusivamente para mí.
No quise despedirme de ese ferrocarril. Lo miré de reojo una vez más y le di la espalda, ambos lo comprendimos: estaba claro que ni a él ni a mí nos hacía falta  coleccionar un "adiós" más. 

Texto y fotografía: Andrés Canseco G.
Lugar: Cementerio de Trenes. Uyuni - Bolivia. 

2 comentarios:

Melisa FM dijo...

wooooowww Andrés!, todas las cosas del pasado tiene una energía que comunica, la has plasmado con simples letras y palabras maravillosas

Andrés dijo...

¡Muchas gracias!
Me alegra que te haya gustado :)

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