domingo, 10 de junio de 2012

Encierro interrumpido.


El baúl con el cerrojo oxidado del desván me despertó por séptima vez consecutiva. Cada una de las noches ha tenido un latido más que en la anterior. El compás aromático-tortuoso de sus sístoles y diástoles viaja por la casa e interrumpe mi sueño sin llegar a aterrarme. Anoche no toleré más, anduve los veintiséis pasos que me separaban del baúl.
Su correspondiente llave no es más que un rumor ahora, ya no recuerdo si la destruí o si de verdad nunca la tuve. A pesar de la dificultad, con una amalgama de ira y añoranza descubrí la forma de abrir aquel pequeño tributo contemporáneo a Pandora alojado en mi domicilio.
Emergió de su interior aquello que confinado debía quedarse en el limbo en que reposan los sueños triturados; estaban ahí frente a mí todas las ficciones de un futuro que nunca vieron la realidad, aquellas que debían realizar ella y él.... ella y aquel que un día fui.

- Los boletos del vuelo que debían abordar esa luminosa mañana de otoño, ese viaje que harían para alejarse en busca de un sueño diferente, anulando esas molestas fronteras que algunos humanos han creado y que denominan países.

- El par de copas de un brindis que nunca existió, un brindis revestido de augurios de prosperidad pintados con colores poco habituales.

- El álbum de fotos repletas de sonrisas para recolectar momentos que nunca llegarán.

- La partitura de una canción compuesta por ambos, cuyas notas no harán vibrar ningún salón.

- Un pequeño espejo para contemplar el reflejo de los dos rostros juntos, reflejo que el tiempo con su paso despiadado habría de encargarse de modificar.

- El vestigio de un perfume envuelto para regalo de una ocasión bastante singular.

- Unos lentes que le habrían permitido a él, a pesar del desgaste de su vista, ver su sonrisa y sus ojos, tan radiantes por siempre.
 
- Un reloj de pulsera, que les recordaría a ambos ser puntuales.


- Finalmente, ese fantasma que entona un cántico plañidero sobre un porvenir que no arribará jamás, el mismo que rememora lo trágicamente frágil y peligroso que es un "quizás".


Han trascurrido cinco noches desde que abrí irresponsablemente el baúl y desencadené el torrente de desconsuelo; de todas aquellas cosas que nunca serán, ni en esta vida ni en las venideras si es que existen. Tres de esas noches con luna llena, como a ella le fascinaban; dos con lluvia, como a él le gustan aún. Cinco noches... y mi cuerpo y alma todavía yacen inertes en la sombra del frío cuarto, sin respuesta alguna frente al mismo baúl.

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