viernes, 8 de junio de 2012

Naipes




Dios —o alguna otra fuerzaha establecido que sus números y sus símbolos se combinen para dicha o desgracia de los mortales, que en su revés sean semajantes y en su fachada sean diversos y letales.
Algunos impostores los usan para leer el destino, los fascinados con el azar han visto en su volteo la riqueza y la puerta de la miseria.
Nuestra memoria cercana guarda al diamante, al corazón, el trébol y la pica; sin embargo el misterio que esconde su origen va quizás más allá de la comprensión humana, una simbología y conjuros que guardados están para un día más propicio.
Se combinan, se barajan pasando de mano en mano, contando historias de noches largas pintadas de cigarro, alcohol y apuestas.
Un Rey sin nombre se pone por encima de todos en la escala; se cree fuerte, pero su bufón impostor y multifacético sabe de astucias centenarias, esconde una daga envenenada para la noche del ataque certero.
La Reina encierra en una "Q" su elegancia, que no se pierde. Ella sabe a su modo— dirigir; mujer junto al trono, voz suave que tuerce la corona usada por un hombre y que cambia el objetivo de tropas: el poder que persuade al Poder.
Un miembro más de la realeza... queda expectante, es el último nivel antes de mezclarse con los números sin rostro
Ante nosotros llegan inicialmente en dos dimensiones, como un objeto de colección, quizás prescindible. Sin embargo, están prestos para protagonizar algo más que un juego cuando son invocados en todo el orbe.
Una baraja más se ha combinado en este instante, alguien más ha caído presa de la danza de las cartas.

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