martes, 27 de diciembre de 2011

Diciembre de retrovisor


La tentación de evocar lo vivido, de destacar lo aprendido; al mismo tiempo en que se ve la marca de todo cuanto ha provocado pena o asombro durante trescientos sesenta y cinco ocasos.
Doce meses, doce apóstoles del tiempo que se suicidan y renacen cada vez... Diciembre cierra su evangelio, con su última hoja cayendo.
Él me desafía a mirar atrás, a pensar cuán bueno es para mí tener esta memoria tan fuerte, recordar tantos hechos con esa dosis de detalle... Si es don o cruz que debo cargar. Si revivir cada imagen, sonido, gesto o sensación archivados en perfecto estado no es más que un castigo al que, al igual que Prometeo, me encuentro encadenado; o, por el contrario, es cualidad que no valoro lo suficiente.
Diciembre me interpela y mueve mi cabeza durante un gigante minuto. No es sólo el camino incierto que está adelante lo que atrae mi atención; lo que hay atrás también logra determinar, logra cambiar... aún tiene poder, todavía posee magia que por momentos es oscura.
Un café muy digno, un brindis brillante y un cigarro que no sé fumar vienen conmigo a este juicio de fin de año. La última lluvia sellada con estos cuatro dígitos va dibujándose en el espejo que muestra el sendero recorrido, una última frase es pronunciada por  una voz a lo lejos, unos ojos y unas manos han quedado ya atrás para siempre.
Perece Diciembre nuevamente, atento, sanguinario y paciente. Sabe que volverá, hasta que el célebre y prolongado ciclo de los meses, que por siglos se ha forjado, se rompa únicamente con el Armagedón.

1 comentarios:

CarmenChux dijo...

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