jueves, 17 de noviembre de 2011

La ocupante del viejo rincón


La mesa de la esquina ha quedado muda. Hoy he vuelto a preguntarle por lo que pasó aquella noche nublada de primavera... y no me contesta. He venido a rememorar con ella hechos confusos, y no es capaz de aclararlos. Le pregunto por documentos y pasillos; por voces y reclamos.
Y es que sé bien que esa mesa guarda en sus contornos café mezclado con el pasado, cada una de sus esquinas contiene diálogos enmarcados en plata.  Su posición junto a la ventana le permite ver a la calle, observa pasar autos, personas, los días; sin embargo no olvida que en su superficie hay más de lo que la cotidianeidad regala, sobre esa mesa del rincón alguna vez se compusieron sinfonías de vida y de proyectos que se firmaban en plural y que nunca plasmaron su sonido en la realidad.
En el sitio en el que me sentaba permanece una mancha de vino tinto que no se ha quita (sé que esto parece irreal... pero es como si la mancha estuviera expandíendose con los meses). En frente, en tu lugar, sobreviven esos rayones en forma de interrogación que  hacías con tu marcador azul.
Nadie hasta hoy ha retirado esa mesa, no ha sido desechada ni vendida; pero tampoco recibe cuidados, se dibujan ya telarañas que hacen un trazo de norte al sur en sus patas. Está un poco decolorada por el sol; la ventana que la acompaña nadie puede cerrarla por completo y las sillas que la flanquean se han encorvado y resignado. 
Tal parece que agoniza, por sí sola no puede consumirse, simplemente aguarda, y sospechosamente no me quiere contar de ti.

Texto y fotografía: Andrés Canseco G.

1 comentarios:

Carlita dijo...

Voy a llorar!!! ='(
Dejame felicitarte por este post, lo leí tres veces y tuve que detenerme para que no deje de emocionarme. Me encantó, escribes con el alma y eso lo puedes transmitir; muy bien, Andrés!!!

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