lunes, 15 de agosto de 2011

Confluyendo...

Puedo, ahora que estoy frente a  ti, decirte la verdad; decirte que la decisión final es tuya; que puedes elegir el sendero que asumas correcto para ti...
Escuché de tus palabras sin sonido que el mundo como lo conoces no es perfecto, pero que funciona. Repites que nunca a alguien como yo, que mis manías y mis métodos son extraños, que tu costumbre de ciudad moderna y tu ritmo de calendario son otros.
No comprendes lo que hay un paso más adelante. No asumes todas las sensaciones terrenales y cósmicas que podemos desencadenar rompiendo esa subsistencia banal a la que estás siendo quizás injustamente condenada.
Vengo armado de certeza, pues tomo como premisa que hay algo más que tus ojos pueden ver; y cuando ya no vean más cosas, habrá otras que tu mente podrá descubrir.
Puedo hacer que todo cuando has oído hasta ahora de la magia sea sólo una gota en el océano de la conciencia. Lograr mostrarte con palabras, ideas y teorías, todo un universo que tu imaginación todavía no ha alcanzado a trazar. Sí, sé que puedo.

Puedo también pintar en el lienzo de nuestro pensamiento, desenmarañar contigo el más revelador momento núcleo sobre la existencia humana y las maravillas y terrores que encierra; y al minuto nada más puedo negarlo y hacerlo implosionar porque no es suficiente respuesta. En nuestro próximo diálogo empezaremos de nuevo, tratando de que sea superior, que sea memorable.
Si me permites, también puedo intentar descubrirte; tengo setecientas setenta y siete teorías sobre lo que atrapa tu deslumbrante persona, y anhelo descifrarte para comprenderte o caer de manera quijotesca en el intento.

No digo que tendrá perfección, ni siquiera que será indestructible e inmortal; tampoco que todo esto sea una fórmula para un mejor porvenir. Al contrario; hasta es posible que te adhieras al grupo de humanos que nos pasamos la vida complicándonos en la creación de utopías, en fantasear cómo son los Campos Elíseos y si recalaremos allí; o, por el contrario, si cumpliremos nuestra pena en el Tártaro. 

Pelearemos sobre cosas reales y sobre fantasías. Las reales de seguro serán causadas por ti, de las otras me encargo yo... por el momento. Y es que sé que también que, con el tiempo, planearás conmigo por encima de este mundo que abruma; que puedes  un día sin planearlo, a mi lado, visitarás también la ficción, discutiremos sobre nuestro medio de transporte ideal: tú elegirás una carreta jalada por corceles; yo preferiré mil veces mi oscuro y enorme dragón. Dirás que el mejor lugar está frente al mar o en un palacio; yo te diré que mi sitio ideal es el que se encuentra al otro lado del espejo.
 También habrá ocasiones en que me llamarás y atraerás, como únicamente tú sabes hacerlo, a este mundo material... y extrañamente te lo agradeceré. Con esa combinación, con esas dosis y sobredosis de realidad y ficción, caminaremos.
Es posible que algunos días (o tardes) me sumerja en todo lo contrario: en un silencio abismal, pero no de esos silencios tontos, negros, vacíos que cualquier mortal tiene; sino del otro, del silencio profundo, que encarcela enigmas, que es fecundo, en el que me pudiere perder viendo tus ojos y ese pequeño gesto que haces con los labios.

Me extendí más de lo debido, como casi siempre estoy acostumbrado a hacer. Este sitio ya no es tan acogedor. Quizás algún día volveremos a este mismo lugar y entraremos en una batalla de dimensiones épicas sobre nuestras percepciones y planes, jamás nos pondremos de acuerdo y nos levantaremos con nada más que —como canta Luis Eduardo Aute— una sonrisa, una blasfemia y dos derrotas. 

Y claro... Me olvidaba, está también la otra ruta: puedes opta seguir con tus días como hasta ahora, dando pasos erráticos, quizás irte con la insípida superficialidad que puede acompañarte y darte risa por un lustro más... quizás dos como mucho, pero no más. No es como el recorrido al que te invito, el que recién iremos marcando, un universo de contenido que se eleve por encima de la vulgar muerte, que trascenderá a esta vida, a la próxima y a las siguientes cinco más.

1 comentarios:

Ruth Ana López Calderón dijo...

Muy bien escrita, muy bien lograda y con un contenido profundo, hermosa prosa...te felicito Andrés!

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