lunes, 1 de agosto de 2011

Reminiscencia de encanto


Vi calles diferentes, faros sin luz, aceras desiertas que no asustan (me espantan las que están repletas). Sentí el termómetro precipitarse unos escalones. Recordé miradas, sonidos y timbres de otros tiempos, más simples. Un vendaval de pasado me golpeó, me gritó que hay fracciones aún en ese lugar que no puedo recoger, que están ancladas, que emergen en recuerdos y, a veces, en sueños que no logro identificar.

En aquellas circunstancias descubrí.... Un solo par de ojos ha cambiado. Una sola voz en esa oportunidad ha adquirido nuevos poderes. Simplemente una persona pudo pararse delante, emerger, y demostrarme que la célebre monotonía era una ficción, que lo predecible es insuficiente y que mi percepción de las personasa pesar de algunos intentos fallidos e infames confusiones aún puede encontrar una brillantez genuina.
Dos pasos hacia adelante, quebrando la barrera invisible a la altura del portal, entró. Allí estaba, quizás en ese espacio sigue; lo ignoro.

Desde aquella ocasión, el tiempo no se ha estacionado; ni en la vereda de la melancolía ni en la del regocijo. Él avanza y nos lleva por delante. Me presta un espejo para que me examine, pero yo lo engaño; lo uso como un retrovisor de vez en cuando, para inventar una sonrisa, elevar un grito, pintar un lamento o tratar de desvanecer una mancha, entre otras cosas. Además, lo uso para crear y creer, y hoy también para imaginar; imaginar que aquel ser se encuentra bien, que mantiene sus poderes intactos; que ,a pesar de estar fuera del alcance de mis ojos y ocasionalmente aproximada en el radio de mis oídos, allí se encuentra hasta una posterior aparición.

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