sábado, 18 de diciembre de 2010

Oda a mi teclado

Su silueta es color noche,
sus signos plasmados; blancos.
Se jacta de su longevidad,
pobre iluso engreído.
Es rebelde.
El idioma de Cervantes
es su lenguaje.

Es a un mismo tiempo emisor,
receptor,
código,
mensaje,
canal,
referente
y situación.

 Supo adecuarse al lugar
que siempre arde,
al tiempo que no perdona,
a las circunstancias que puntearon,
puntean y  puntearán los segundos,
minutos, horas, años
y eternidades inciertas.

Tiene a lo largo de su planicie
el poder monumental.
Puede ser la Mano de Midas,
la Excalibur o Joyosa,
el Mjolnir de Thor,
Caja de Pandora
o Arca de la Alianza.

Es mentiroso con los demás,
se camufla
con traje de banalidad,
como si fuera uno más,
juega, se burla,
Engaña al inocente mortal ajeno
que sus dedos posa.

Algún día perecerá,
por el paso de los inviernos,
por un relámpago,
o se fragmentará por un arrebato,
quizás de magia,
talvez de ira 
o en último caso; locura.

Por ahora ahí permanece,
con sus 108 huesos.
Conocedor del invisible lazo
que lo une a mí
y a cada una
de las oscura creaciones
a las que vamos dando origen.

1 comentarios:

Ruth Ana López Calderón dijo...

Hola, me gustó mucho este escrito, no es para nada mi estilo pero realmente me gustó porque lograste darle a algo brutalmente frío el calor de los versos.

Felicidades!!!

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