miércoles, 27 de octubre de 2010

Algunas divagaciones nocturnas


Dos, tres, cuatro o quizás cinco cosas tengo para recordar hoy...

Una de ellas es el recalcitrante comportamiento de un mortal. Ese baño diario de obstinación, el empecinamiento en el absurdo, el reposo aletargado en la terquedad.

Otra; la estoica resistencia acumulada en cada una de las fracciones de mi calendario, ese calendario que se burla desde la pared, que se jacta de ir adelgazando y transformarse en  un compilado prístino de historias, y dejarme a mí contra la tempestad. Y no es por obra divina, ni siquiera por un oscuro pacto sellado junto a Mefistófeles, que me haya convertido en piedra ni mucho menos. Es simplemente que con los boletos de idas y vueltas uno aprende, entiende, y hasta a veces casi nocivamente se acostumbra... a darse cuenta de que con el tiempo duelen menos las realidades injustas, las verdades infames y las mentiras, cada vez golpean menos fuerte,  mucho menos fuerte inclusive si es que tienen de remitente la misma dirección.

La siguiente son dos luces que observo ya muy lejanas, alicaídas,  gastadas, que producen un corte, que se prenden y apagan sin control de la voluntad, pero que todavía puedo sentir sobre mis pasos.

La otra es un sonido, que es extraño, que trasciende tiempo y distancia y en cuyo contenido abunda una sobredosis tóxica de infamia.

Creo que hay otras cosas que me vienen a la mente, entre ellas letras, números y símbolos de lo ya vivido y revivido. No les hago más caso, al menos por un buen tiempo mientras me encuentro sentado frente a la ventana... no lo haré...

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