viernes, 25 de junio de 2010

Sniper!

 

Apunta. Con esa mira casi perfecta de un color tan particular, tan inconfundible, tan suya. Desde lo alto de aquel edificio de pasillos de andares gastados. Apunta.

El viento del sur que recorre la ciudad no es para ella un problema, imperturbable es su pulso al momento de acariciar el gatillo. Camuflarse no le hace falta, el ritmo de la vida moderna le permite establecer el punto de disparo sin que la gente lo note. A sólo unas cuadras o a kilómetros, la distancia no es inconveniente. Espera. No es duda, sólo es un dejo de paciencia lo que retrasa la ejecución, esa tan mencionada paciencia que un día me supo absorber. Sabiendo de mi destino busco refugio para confundirme entre la multitud, vano intento por engañar el camino del proyectil.

Y el momento llega; la munición es elegida especialmente, conoce bien cuál bala me causará mayor lesión y tardará en cerrar la herida; puede ser una venenosa frase o un explosivo silencio. Únicamente necesita un disparo. El arma es excesivamente precisa, la domina a la perfección, es practicamente una extensión de ella; es su actitud.

Tira a herir mas no a matar. Celebra su acierto, en alguna lejana ocasión perdida sintió remordimiento, pero hoy no. Acertó, y es que con el pasar de los días aprendió muy bien a darme donde más daño puede causar.

Hasta un próximo impacto... querida francotiradora...

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