viernes, 18 de diciembre de 2009

Mi espacio bajo mi dictadura



En mi territorio propio no hay democracia, sólo es la dictadura que me autoimpongo hace casi veintidós años, que me deja mucha libertad. No existen compendios de normas sin cumplir, simplemente está la ley que me ordena vivir momentos únicos a diarios sin miedo, y la que me prohibe dejarme llevar por los males de la sociedad.

Afortunadamente no hay geografía ni límites marcados, hay montañas para divisar desde lo alto el pasado, hay ríos por donde corren sueños, hay campos para sembrar esperanza, hay un terreno que se expande y se achica sin control cada instante. Mi espacio va conmigo siempre. La imaginación es su única frontera.

Este espacio no tiene himno, tiene miles de canciones guardadas en un disco duro; carece completamente de manifiestos o de anuncios, pero tiene un poema o un escrito que eventualmente sale para el mundo. Lo que sí tiene es una bandera, bandera blanca que simboliza la paz más importante, casi una quimera, la paz interna. También tiene un escudo, un escudo en el que se representa muy difusamente mi imagen, con un rostro que el tiempo cambia, con unos ojos que ven, que analizan, de manera muy peculiar este planeta que a veces nos condena.

En este lugar han cohabitado conmigo muchos seres, algunos permanecen, algunos se fueron para más no volver, otros sólo de paso, otros completamente ajenos, y a muchos yo mismo los desterré. De vez en cuando alguien más aparece y empieza a  intentar sobrellevar, de manerá más cercana, aquí, sus días conmigo, el dictador de mi propio espacio.

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