viernes, 6 de noviembre de 2009

Sin lugar a dubitaciones




Durante los últimos años y después de unas cuantas experiencias de toda clase relacionadas a la política, hoy me dio por recordar las no muy atrayentes palabras de algunas personas, personas cuya idea conciliadora o "de consenso" se inclinaba por no querer llamarse "opositores" o "de oposición", afirmando que ésa no era la forma de lograr buenos resultados, que la confrontación era negativa, que supuestamente algunos no deben ser oficialismo ni oposición, sino una "tercera opción", o quizá diciendo que no se trata de vencer al MAS, sino entrar en concenso y construir a través del diálogo con ellos (debo aclarar que creo en el diálogo y el debate, pero nunca con el oficialismo y sus esbirros, por razones obvias).
Éstos y muchos más argumentos de este corte fueron vertidos, y la verdad es que nunca me llenaron ni convencieron, estoy practicamente seguro que nunca lo harán.
No creo en la mínima posibilidad de que Evo Morales, su entorno y sus adeptos recapaciten y detengan su frenesí destructivo de la democracia y el Estado de Derecho, o que de un momento a otro adquieran la sensatez y la razón que nunca en su vida política tuvieron.

Y me ubico a este lugar de la vereda, en este lado de la barrera ideológica, en el sitio donde no hay dubitación, porque me opongo.

Me opongo a la ilegalidad, a las vejaciones y a los atropellos a los derechos y garantías fundamentales, a la barbarie de las turbas, a las masas enardecidas que por la fuerza buscan imponer, me opongo.

Me opongo a un manejo totalitario y dictatorial, a que se acallen voces, a que se coharten y repriman ideas, a que se encarcele a la gente por no comulgar con el nefasto gobierno y por denunciar sus atrocidades, a que se mueva la maquinaria estatal entera para inculpar y perseguir a la gente, porque la justicia es sólo una quimera,

Me opongo a la incapacidad gubernamental, a la verguenza internacional que nos hacen pasar desde Palacio de Gobierno, a que desde Venezuela un simiesco personaje amenace y quiera ordenar el rumbo de nuestro destino, a la corrupción, a la violencia, a la ineptitud, a la demagogia y al burdo populismo, me opongo.

Me opongo a que el gobierno quiera controlar la vida de los ciudadanos, a que  se hiera, se mate a nombre de "la patria", a que se quiera implantar un modelo económico y social que es absrudo, a que se destruyan nuestros anhelos de vivir días mejores, a que se quiera apagar nuestra sed de liberdad, me opongo.

Me opongo porque aún tengo entereza, porque todavía recuerdo el dolor, la rabia y la impotencia por quienes están presos y quienes cayeron asesinados por el dictador sociaslita de turno.

Por tanto señores, hoy, a voz en cuello, con toda la convicción que arrastran los años y con toda la energía que mis ideales me dotan, es que vocifero sin un ápice de miedo o duda: ¡Yo soy un firme y acérrimo opositor!

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