jueves, 17 de septiembre de 2009

El no renovable recurso de la paciencia.

No abunda ya en los valles del destino, ni en los desiertos de la desolación, ni siquiera en la cálida amazonía de las alegrías.

Hace un lustro gracias a su regular dosis, se abría cual paraguas para protegerme e impermeabilizarme de las ofensas, improperios y hasta de la ordinariez que a veces me encuentra al doblar las esquinas. Pero de un tiempo a esta parte ha venido a menos contigo en frente.

Nunca fue la mayor de mis cualidades, sin embargo la invocaba en momentos para acallar los demonios de enojos, para congelar instantes de ira absurdos o para frenar el disparo de los peligrosos dardos de mis palabras hirientes. Sin previo aviso fue disminuyendo como la luz de mi día, fue enfríandose como mi café mientras hago estas líneas, fue opacándose como el color de tu cabello en invierno, se fue alejando como esa extraña vez intente hacerlo yo...

Te acuso de ser causante de su escasez, de consumirla con tus caprichos, de oprimirla con tus designios, de desgastarla con banalidades, de debilitarla con insensatos temores.

No está en mi teclado al escribirte, en mi reloj al esperarte, en mi teléfono al marcarte, en mis respuestas al escucharte; desaparece de mi voz al momento de recordar que las lecciones hay que aprenderlas por las buenas o por las malas.

2 comentarios:

La Infame dijo...

bien che..

escritores negros dijo...

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Un saludo y gracias.

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