miércoles, 16 de noviembre de 2016

Camus: lucidez, rebeldía y compromiso

Imagen: DeviantArt. Usuario: Roobikon

“El pesimismo de Camus no es derrotista; por el contrario, entraña un llamado a la acción, o, más precisamente, a la rebeldía”.
-Mario Vargas Llosa-



Cada cierto tiempo el mundo sacude al hombre; acto seguido, si no alcanza con eso, lo avienta al vacío y a la tragedia poniéndolo en urgencia de respuestas. Cuando el individuo se resiste a las salidas fáciles que ofrecen mercaderes de ilusiones basadas en credos, evangelios, manifiestos, himnos y sangre, la singularidad y la soledad aparecen como opciones. Nuestras adversidades y angustias son una forma de vincularnos con el mundo, a veces por voluntad y otras empujado por las circunstancias. Mientras mayores y más fuertes son nuestros lazos con aquello a lo que le damos importancia, requieren de nosotros una apuesta por la acción. El arte, la literatura y el compromiso político no escapan a esta realidad. El Siglo XX nos ofrece como ejemplo de lo mencionado la figura de Albert Camus.
Camus, además de los dolores individuales que cargan muchas personas, como las necesidades, la pérdida de los seres cercanos, y problemas de salud, asumió desafíos en el campo intelectual y político que sin duda forjaron su carácter y su variada obra. En la creación de Albert Camus se abarca la novela, la labor periodística, los cuentos, el ensayo, crónicas de viaje en una prosa valiosa, el teatro (en el que además fungió como director y actor) y el trabajo de periodismo. Hay que mencionar que, en su variedad, la obra del autor nacido en Mondovi existen temas constantes que no deberían huir de las reflexiones de los hombres. Menospreciado por algunos círculos filosóficos de su tiempo e incluso en la contemporaneidad, tal vez por su no rebuscada y no rimbombante forma de expresar el pensamiento del individuo, o por no armar todo un sistema de recetas para la vida o para la utopía; la filosofía de Camus se erige como respuesta y comprensión ante los problemas existenciales, estéticos, políticos y sociales.
El extranjero como novela y su complemento en ensayo, El mito de Sísifo, son libros sin desperdicios para pensar esa vida que busca un sentido. La compasión, la solidaridad, la desesperación y el dolor tienen en La Peste, un trazo que nos recuerda que la convivencia con el prójimo y sus circunstancias también marcan nuestro paso por el mundo.
Bodas y El verano, contemplan textos de un hombre que con el acto de viajar se construye y reconstruye. Visitar o retornar a sitios especiales poniéndose en contacto con lo profundo también es una forma de rebelarse ante el mundo; a pesar las imágenes presentes aún de la guerra, la inocencia asesinada y la tortura aún presentes en el continente. En palabras del propio Camus: “El incendio se extiende, Nietzsche ha sido superado. Europa no filosofa a martillazos, sino a cañonazos”. Justamente ese incendio había llegado a París con la ocupación nazi en 1940 y generó –como sucede hasta ahora en estas situaciones- la separación entre quienes asumen posturas colaboracionistas y quienes no se resignan a ser objetos del poder. Ante esto, Camus elig comprometerse, resistir y fundar junto a otros intelectuales el periódico clandestino Combat.
La rebeldía estética del mundo, esencial contagiosa para el alma, a veces no es suficiente; esto es algo que Albert Camus comprendió muy bien. Rebeldía, por la dignidad, por la libertad, por que la Historia no devore al hombre por la promesa lejana de un mañana feliz, que casi siempre es la mentira de un puñado de manipuladores. El hombre rebelde es el feroz y completo ensayo que radiografía y detalla las expresiones de quien no se resigna a permanecer en condición de vasallo, que decide establecer una frontera a los atropellos y que denuncia los abusos soviéticos que eran justificados por otros intelectuales en ese tiempo; Jean Paul Sartre fue uno de aquellos.
La polémica Sartre – Camus evidenció el quiebre, el estallido por las ideas y el silencio cómodo del autor de La náusea frente a los horrores perpetrados por el bando político comunista que abiertamente eligió y que –como Octavio Paz escribió- lo puso en ridículo con los años. Paz apuntó en 1973: “Sartre anda envuelto en una nube de palabras […] es un filósofo deslenguado. Desde el fin de la guerra Sartre no deja de emitir opiniones políticas y, nueve veces sobre diez, yerra.
Volviendo a Camus, el reconocimiento del Nobel de Literatura llegó para él en 1957, «por su importante producción literaria, que con una seriedad clarividente ilumina los problemas de la consciencia humana». Tres años después, falleció en un accidente automovilístico a los cuarenta y seis años, dejando el borrador de ciento cuarenta y cuatro páginas de su novela autobiográfica, El primer hombre, sin completar y que fue recién publicada en 1994.
El mensaje de Albert Camus repercute con total actualidad y vigencia en nuestro tiempo: a pesar de lo absurdo de la existencia, un hombre puede actuar respondiendo al llamado de su conciencia, cuando alguna grieta del infierno (una expresión exquisita usada por Borges) se abre en nuestra realidad y ésta empieza a convulsionar; que a la inacción y la resignación se contraponen la búsqueda de la verdad y la libertad.  También nos deja la enseñanza de que aunque la piedra de Sísifo caiga una vez más, poder levantar el rostro, el cuerpo y el espíritu para volver al combate de los días con un motivo es lo que nos consuela y nos llena.
Un saludo y un brindis por el rebelde nacido en el Siglo XX.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Exhibiendo miserias del movimiento obrero

“Que no haya malentendidos acerca de mí. Si mis semejantes, que se hacen llamar sociedad, creen realmente que su bienestar requiere víctimas, puedo decirles: ¡Al demonio con el bienestar público! No seré parte de él." 
-Ayn Rand-


Desde la aparición del marxismo y su infecciosa expansión por el mundo, sus postulados han sido objeto de diversos análisis, interpretaciones y giros, que incluyen distorsiones ideológicas absurdas, generación de miseria, inseguridad y prácticas sanguinarias descaradas en busca de ese hombre nuevo que tanto se promete. Aunque uno puede caer en la tentación de lanzar los primeros dardos a los gobernantes que alineándose a la izquierda han convertido países enteros en el abismo, los despropósitos de esta ideología también se encuentran en la sociedad civil organizada.
El caso específico del proletariado  y sus articulaciones en sindicatos, gremios, partidos y grupos de choque, entre otros,  ha abierto un abanico de variantes y olas tanto teóricas como de acción que -aunque gozan de apoyo popular y cuentan con un arsenal de exposiciones que apuntan a conmover- la gran mayoría son contrarias a los ideales de propiedad privada y libertad expuestas por la modernidad, que han sido puntales del progreso y la invención en los últimos siglos. En el flexible caso de que pueda argumentarse que ha habido ciertos avances por los empujes del movimiento obrero, como reconocimiento de algunos derechos que lograron hacer más decente la vida laboral y las relaciones emergentes de ella; esto no puede otorgar un aura de nobleza total a sus acciones, así como tampoco puede silenciar las observaciones ante acciones pasadas y presentes que se caracterizan por su irracionalidad.
Para no incurrir en el reiterado y despreciable recuerdo del experimento soviético, es posible volcar la mirada hacia Latinoamérica y en particular el caso boliviano, que ofrece numerosos ejemplos del poder que puede ostentar la dirigencia laboral y las bases que lo sustentan, así como sus aspiraciones autoritarias.  Con la redacción de la Tesis de Pulacayo en 1946 (que entre tantas de sus demenciales líneas reza: “Dejamos claramente sentado que la revolución será democrático-burguesa por sus objetivos y únicamente un episodio de la revolución proletaria por la clase social que la acaudillará.”) y la Revolución de 1952, se estableció el marco de creación para la Central Obrera Boliviana, institución que durante sus décadas de existencia se ha ocupado insistentemente en reiterar su resistencia por la democracia y valor en luchas en tiempos de dictaduras, pero que no repara  nunca en las también ciertas acciones desestabilizadoras, violentas, golpistas y hasta autoritarias,  estas últimas en alianzas con gobiernos caracterizados por el abuso. Este hecho no puede  ser obviado y debe ser traído al presente,  pues la faceta de la realidad que han olvidado los dirigentes de la COB –siempre con su distintivo rojo acompañado por la hoz, el martillo y el sanguinario Che Guevara- es que no existe límite en el oprobio, que un hombre o institución siempre puede caer más bajo el número de veces que sea necesario. Comprados en la actualidad con bonos, decretos especiales a medida, regalos, edificios y otros privilegios, los dirigentes de la Central Obrera vienen siendo una extensión del Órgano Ejecutivo, no siendo casualidad que hayan saltado a puestos en ministerios o el parlamento, o al menos aspirado a ellos por el Movimiento al Socialismo. En la práctica sindical obrera, tampoco hay espacio para la crítica; su verticalidad es un impedimento incluso para su propio crecimiento y renovación.
Herederos del marxismo, los dirigentes del proletariado organizado no tienen reparo alguno en satanizar la imagen del empresario (mediano o grande, formal o informal), que es visto como un ser malvado que se aprovecha de todo y de todos, que debe dejar de producir y subsistir en la hostilidad del Estado que todo muerde para poder satisfacer a los trabajadores, y que además sólo merecería cargas, sanciones, controles e insultos. Porque debe decirse de modo claro: una cosa son las conquistas que pueden tener algo de sensatez, y otra son los excesos y desvaríos para sacar provecho de una relación laboral, anulando la meritocracia y la competitividad. De este modo, acompasados al ritmo de los burócratas, no cesan en sus proclamas de  fiscalizaciones, nacionalizaciones, estatizaciones y creación de empresas públicas, sin importar que luego las catástrofes.
El caso ENATEX es la clara muestra de que cuando lo que hay es interés de votos y ambición, la sensatez no tiene cabida. El Estado boliviano invirtiendo en una empresa perdida hasta el punto en que es insostenible y un movimiento obrero pretendiendo que se continúe solventando puestos de trabajo con fondos públicos sin medida. Luego, un reguero de protestas, exigencias absurdas, bloqueo de caminos, dinamitazos, heridos, imprecaciones reiteradas al neoliberalismo y al Decreto Supremo 21060, etc.
Finalmente, apuntar que es completamente legítimo que cualquier trabajador busque mejores condiciones en pro de un mejor destino, recurriendo a los mecanismos legales pertinentes individual o colectivamente; lo que no es comprensible es la pretensión de que un empleador o empresario exista para el beneficio ajeno y que puede quedar a merced del implacable Estado (se incluye a los jueces en materia laboral y a los parásitos tributarios) unido a un proletariado desmedido en sus acciones. De esta forma, el futuro simplemente arrojaría épocas en que el valor de invertir y producir desaparezca por completo.
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